Hola a todos los Jinetes estamos de vuelta luego de muchos temas legales, litigios y similares que nos han mantenido ocupados en el país de los papeles y las leyes que no funcionan.

Los dejamos con otro tema musical que hará parte del documental sobre Oporto, cierren los ojos y escúchenlo con atención. Los demás temas pueden escucharlos en el nuevo menú de música y en souncloud.

¡Saludos!

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“CONDENA”

Pienso y me resisto a

abandonar este camino

aún sabiéndome transitar

en prohibida dirección.

 

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Las circunstancias en tropel

haciendo uso de su derecho a la huelga

me obligaron a detenerme

a pagar este peaje de dolor sin tregua.

Se me imputó de acosar a los sueños;

de escandalizar conciencias en la vía pública,

denunciando en voz alta la impunidad del silencio

usando palabras adulteradas de sentido común.

 

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Me declararon culpable:

por sobredosis de honestidad,

por porte ilegal de fe,

por soñar y ser sueño,

por asesinar al olvido.

Jinete de la Apoteosis © Todos los derechos reservados.

 

Luis Alirio Calle da su testimonio de como era el periodismo durante la época más violenta de la ciudad, cuando la Narcoguerra azotó las calles de Medellín y de toda su Área Metropolitana, este testimonio es sólo un pequeño fragmento de la entrevista que forma parte del documental sobre la masacre de Oporto ocurrida el 23 de junio de 1990.

 

 

El 23 de Junio de 1990 en el Bar Oporto de Envigado se produjo una terrible masacre de 26 jóvenes que murieron acribillados por el fuego criminal de un grupo fuertemente armado, justo en una noche donde la zona estaba acordonada por numerosos retenes policiales y militares con varios anillos de seguridad en el perímetro.
¿Curioso?

¡No!, lo más curioso es que casi 27 años después siga en la impunidad y en el olvido, que el cuerpo especial de la Fiscalía creado para investigar dicha masacre se disolviera y que se archivara el expediente N° 1050204132.

El gobierno colombiano nunca se ha manifestado al respecto y no quieren incluir la masacre en la Ley de Víctimas, esa que tanto promocionan cuando les viene bien a sus intereses. Su amañada y sodomizada paz.

Seguimos esperando una respuesta.

Esta es una breve descripción del documental sobre la peor masacre urbana en la historia del municipio de Envigado perteneciente al Área Metropolitana de la ciudad de Medellín, masacre que a día de hoy casi 27 años después sigue en la impunidad envuelta  en un velo de silencio por parte de las autoridades colombianas, y de los mismos medios de comunicación que le echaron tierra al asunto; de tal magnitud es la impunidad de los hechos, que las mismas autoridades de la época se niegan a hablar en público de lo sucedido, luego se inventaron varias hipótesis ridículas y en su afán de zafarse de su responsabilidad inculparon a Pablo Escobar de los hechos, luego dejaron preescribir el caso y lo engavetaron hasta el día de hoy.

 

 

En un país como Colombia donde está de moda la paz como excusa para paliar la mediocridad de sus autoridades y gobernantes mientras le mienten a la gente, saquean las arcas, violan la constitución política, subvencionan a los asesinos y narcos de la guerrilla y le entregan a los delincuentes el país en bandeja de plata, hablar de impunidad es una afrenta para los adalides de la reconciliación.

Esta masacre es un buen punto de partida para tratar de entender de donde proviene la corrupción y la impunidad que hoy en día nos carcome a nivel institucional con su métodología criminal del que hacen parte el silencio, las amenazas, el fraude, las mentiras, la omisión por parte de las autoridades que conniven con los delincuentes y se hacen los de la vista gorda mirando hacia otra parte mientras pontifican de la voluntad de paz del Gobierno de turno y se inventan la forma de tapar los agujeros fiscales que ellos mismos propiciaron.

Este momento del país es un vil Deja vu de situaciones que ya padecimos, es el recrudecimiento de la insensatez, la insolencia y la soberbia de una clase política clientelista, inepta, mendicante, rapaz, servil, sinvergüenza, torcida y torticera. Ahora están recogiendo sus frutos los buitres que en aquel entonces de la Narcoguerra eran unos poyuelos que estaban aprendiendo los ardides que hoy varias décadas después desde su inconsútil soberanía instalados en el trono de los farsantes constituye su menester de pontificar a voz en cuello que son los gestores de la paz.

La reconciliación en Colombia sólo es posible deconstruyendo esta farsa de sociedad que se configuró a partir del dinero de los narcos que lo corrompieron todo infiltrando altos mandos y políticos a quienes luego financiaron sus campañas, contribuyendo con su devastador efecto llamada a la decadencia de los valores de la sociedad y ante su auge imparable y la doble moral prosperó la corrupción a la sombra de la ceguedad institucional que hoy en día nos azota de manera inmisericorde. Políticos y militares que pactaron con los enemigos de Pablo Escobar declararon a los paisas como cómplices del jefe del Cartel de Medellín y nos etiquetaron como a la ciudad que habrían de bombardear convirtiéndonos en objetivo militar debido a su propia ineptitud y miedo. La conspiración desde el Gobierno central creó unos grupos de control y vigilancia que fueron enviados desde Bogotá y que aislados de las autoridades antioqueñas actuaron a su libre albedrío obedeciendo las órdenes que venían de la capital colombiana y exacerbaron la violencia en la ciudad haciendo blanco en las víctimas indefensas del fuego cruzado inculpando a Escobar; pero es que muchas de esas víctimas no estaban con Escobar, eran simples civiles que no tenían nada que ver. La frustración de las autoridaes era tal ante la virulencia del conflicto que la extralimitación de las fuerzas del orden se convirtió en algo normal y corriente y muchas veces a uno lo detenían en plena calle encañonándolo con un fusil o una nueve milímetros en la sien o por llevar el pelo largo violando todos los derechos ciudadanos, cuando no, se era víctima de improperios y provocaciones por parte de esas autoridades escudadas en sus armas para tratar de intimidar a la gente de a pie que circulaba con temor por las calles de la ciudad, barrios y comunas.

Esta dinámica de la Narcoguerra cobró muchas víctimas en la ciudad de Medellín y sus alrededores; a día de hoy mucha gente sigue sin saber porque sus familiares fueron asesinados en esa locura desatada por la mafia y las irresponsables autoridades de la época quienes públicamente condenaban a la mafia y por detrás negociaban con ella y con los mismos enemigos de Escobar para acabar con él, todo valía.

El saldo trágico fue de miles de muertos y cientos de masacres que tiñeron de rojo las calles de la capital antioqueña y sus municipios aledaños. Indagar hoy en día sobre el tema sigue representando un problema de seguridad para quienes investigamos ese hecho y una piedra en el zapato para esas autoridades que siguen sin responder por su directa responsabilidad en varios hechos similares durante la época más violenta de la ciudad.

Mientras se dan discursos de memoria histórica, justicia, reparación y verdad a las víctimas de la guerrilla y los paramilitares, grupos que fueron financiados por Pablo Escobar, desde la Unidad de Víctimas nos dicen que este hecho (la masacre) no hace parte del conflicto armado colombiano, dicen que la Narcoguerra en Medellín no es responsabilidad de ellos y que para los familiares de las víctimas no hay respuestas, ni indemnizaciones y hablar de esto es un tema totalmente vedado.

Dicen en un documento público emitido desde la Unidad de Víctimas que la masacre obedeció a un hecho aislado, a un ajuste de cuentas entre grupos de delincuencia común por el control de las drogas. Lo que constituye un insulto y una bofetada en la cara a los familiares de las víctimas, un lamentable y bochornoso hecho que deja muy mal parada a esa institución que sólo da prioridad y luz verde a lo que le ordenen en Bogotá según los intereses del Gobierno de turno. Sin embargo en su exuberante mediocridad reconocen como víctima a algún familiar de los caídos mientras que a otros no, contradiciendo, omitiendo y vulnerando el derecho a la igualdad. Dejando muy en claro que no tienen ni idea de lo que hablan, es sino leer sus argumentos; claro que la Ley de Víctimas se amañó desde un comienzo con las primeras enmiendas cuando se presentó el primer texto, cuando se opusieron a que las crímenes perpetrados por los cuerpos y fuerzas  de seguridad del Estado fueran Juzagdos por dicha Ley.

Pero sean quienes sean o no los culpables es el Estado quien debe responder porque la masacre fue un hecho de guerra en un contexto de conflicto armado; lo que se vivió aquí en Medellín fue una auténtica guerra, es el contexto lo que hay que revisar y para ello hay estadísticas, en ese momento las cifras de muertes violentas en Medellín eran descabelladas, eran promedios de una ciudad en guerra equivalentes  a cualquier conflicto en otra latitud, eso de que Pablo Escobar no tenía interese políticos es una falacia, todo lo contrario. Que no influyó en el marco de la guerra también es falso, ¿Quién desestabilizó al país? ¿Quién financió a unas emergentes fuerzas paramilitares, financió el golpe al Palacio de Justicia, amañó la Constitución Política de Colombia sobornando a la mitad más uno de los diputados? mucha doble moral y cobardía de estos políticos que a día de hoy todavía tienen participación en la vida pública y lo más grave en el Proceso de paz amañado que vivimos en la actualidad, donde el principal gestor lo fue también de la paupérrima y viciada Constituyente del 91, en donde todos los actores conscientes comieron callados y no ventilaron nada públicamente para legitimar lo ilegítimo, igual que acontece en el actual proceso de paz viciado por todos lados debido a las malas prácticas, la vulneración de la Constitución, la falta de respeto por las decisiones del plebiscito, la castración de los poderes y una larga lista de irregularidades que estos mediocres que gobiernan a Colombia se niegan a reconocer, todo en nombre de su prostituida paz.

Seguimos buscando la verdad y ojalá aparezcan testimonios de los mismos perpetradores ya que legalmente el crimen preescribió, pero que tengan el valor civil y nos cuenten lo sucedido para que hagan honor y justicia a los fallecidos injustamente.

Oporto no fue la única masacre ocurrida en el Valle de Aburrá, eso está claro, pero lo triste es que fue una de muchas y tal vez la mas sonada. El denominador común es que todas están sumidas en la impunidad total y en el olvido.

Hacemos este documental para reivindicar la menoria de nuestros seres queridos y a los sobrevivientes de este hecho. Esto es una iniciativa personal para la reconciliación, a los responsablesles pedimos que tengan el valor de dar la cara y nos cuenten de primera mano lo sucedido.

El Estado colombiano deberá dar la cara como le corresponde.